Esto ocurrió el jueves pasado frente a lo que fue la sede del Club Alemán (hoy Comfamiliar), carrera 42F, entre calles 79 y 79B. Un señor sin percatarse, por la abundante lluvia del medio día, no alcanzó a ver el tremendo cráter (como en el satélite que nos acompaña) y ¡tenga!. Partió el tren delantero del vehículo. Si el no estuviese parqueado, también hubiese caído en la trampa de la alcaldía. Acá están las fotos amistades, que jamás nos mienten:
Los huecos en esta ciudad son más que un karma. En temporada de lluvias, el agua los esconde y claro, el simple ciudadano en plena pandemia y sin dinero, cancelará de su bolsillo no tanto el arreglo sino el impuesto de rodamiento. Durísimo, ¿no es cierto?.
Ese es un daño de unos 2 millones de pesos (700 dólares) y a lo menos, diariamente se dañan unos 15 vehículos por esos motivos. Es un mal servicio y nos cuesta tanto, que esta es la ciudad que más amortiguadores cambia en Colombia a causa de la huecamenta, sin hablar de las reparaciones a los semiejes y sistemas de dirección. Nos asaltan y seguimos diciendo que somos la casa de la selección. Son apenas algunos ejemplos de las duras vivencias. No podemos quedarnos de brazos cruzados ahora que nos subieron los servicios, nos embargan las cuentas y las vías nos parten los vehículos y nuestras almas, sin apendejamientos pandémicos.